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jueves, 18 de junio de 2009

In Memoriam Jorge Rosado (12 de enero de 1939 - 9 de junio de 2009)

Imaginen luchar en este escenario, en el marco de unos juegos olimpicos; pues Jorge Rosado tuvo esa oportunidad
Uno de los autenticos grandes de la lucha mexicana nos deja, desde aqui le expreso mis condolecias a su familia y sepan que la comunidad de la lucha mexicana comparte con ustedes su pesar al dejarnos atras en este mundo una persona con la calidad humana como lo fue el profesor Rosado



Como todo alumno del turno vespertino de la preparatoria numero dos, tuve la fortuna de ponerme a su dispocicion, a pesar de que no pude convivir mucho con el profesor en mi estancia en la escuela, pues cuando yo entre a la institucion, solo pude tomar sus entrenamientos una dos o tres semanas de clases y despues se retiro, pero me dejo una muy grata impresion, pues el profesor Rosado fue una de las personas que me introdujo en lo que es la gloriosa historia de la lucha en mexico, y el era un testigo viviente de que si hubo tiempos mucho mejores, donde Mexico se enfrenataba a Cuba y a Estados Unidos al tu por tu.



Les comparto, fueron dos o tres semanas en las que convivi con el, pero los relatos de sus combates en los juegos olimpicos fueron desicivos para que me enamorara de la lucha, me siento arrepentido de no haber sembrado una amistad, que sin duda hubiera sido muy amena y entrañable, por lo poco que conoci al profesor.



Que en paz descanse.



Cabe muy bien destacar su palmares internacional:



2 veces campeon de juegos centroamericanos y del caribe (Caracas 1959, Kingston 1962)



2 veces medallista de plata en Juegos Panamericanos (Chicago 1959, Sao Paolo 1963)



Participo en varios campeonatos mundiales, pero lo mas importante, asisitio a unos juegos olimpicos, en la edicion de Roma de 1960, quedando en 12o lugar en la lista final de posiciones; su primer combate fue contra Elliott Gray Simons

de Estados Unidos,cfue derrotado, en la siguiente ronda se enfrento a Faiz Mohammad Khakshar de Afghanistan y vencio por toque, y termino su participacion olimpica enfrentandose a Lesław Lech Kropp de Polonia, quien lo derroto a los 5 minutos con 46 segundos por pegada.





A continuacion dejo la carta en la que se nos comunico el laentable deceso



MURIO JORGE ROSADO, EXTRAORDINARIO LUCHADOR MEXICANO




El pasado 9 del presente, apenas la semana pasada, falleció uno de los mejores luchadores que este país ha tenido. Jorge Rosado, estudiante y luchador universitario, compitió toda su vida por la UNAM y es estadisticamente uno de los mejores 10 luchadores mexicanos de todos los tiempos.



Jorge fue doble campeón centroamericano, doble medallista panamericano, se ubico entre los 10 primeros lugares del mundo en varias ocasiones, compitió en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 y ganó combates en el.



Luchaba en 52 kg.



Los que lo conocimos personalmente recordamos su increible fortaleza. Pequeño de estatura, pero con una musculatura singular que le acompaño incluso en su vida como adulto mayor. Abogado de profesión, fue también entrenador.



Fue él junto con Francisco Valdez quienes forjaron deportivamente a Ángeles Barraza, hasta ahora la mejor luchadora mexicana que ha habido. Fueron las enseñanzas de ellos dos, las que le permitieron ganar su primera medalla panamericana.



Pero su carrera como entrenador inicio mucho antes que eso. Somos muchos los que tuvimos la fortuna de recibir sus enseñanzas.



Miembro del salón de la fama del deporte universitario y del salón de la fama de la CODEME.



El gimnasio de lucha de la FES Aragón lleva su nombre. Jorge fue además un buen hombre. Educado, formal, serio. Seguramente buen padre y bvuen esposo.



Realmente es una pérdida muy importante. ¡Hasta siempre Jorgito!, su memoria vivirá siempre con nosotros.



Yvar

jueves, 21 de mayo de 2009

Historia de la Lucha: Milon de Crotona

Nació en la colonia griega de Crotona (Magna Grecia) en el S. VI aC. Fue campeón olímpico de Lucha en 6 ocasiones, en la modalidad infantil en la 60ª olimpiada, de l 540 aC, y en la senior desde la 62ª a la 66ª Olimpiadas. A esto habría que añadirle 7 victorias en los Juegos Píticos. Aún después continuó compitiendo más allá de la edad normal de retirada de un atleta de su época.

Muy cerca de la ciudad de Olimpia, se celebraban antiguamente en honor de Júpiter unas grandes fiestas. Estas fiestas llamadas “juegos” que tomaban por pretexto el culto de la divinidad, eran en realidad diversiones que, con gran satisfacción del pueblo, organizaban los magistrados. Por lo tanto se puede decir que los Juegos Olímpicos comenzaron bajo los auspicios de la religión. Tenían lugar cada cinco años, durante la luna nueva.


Comenzaban con los sacrificios que el pueblo ofrecía en el templo de Júpiter. Los altares se embellecían con adornos magníficos y flores y la sangre de las víctimas manaba a torrentes, prolongándose las ceremonias hasta bien entrada la noche, bajo la luz de la luna y a los primeros fulgores de la aurora se tomaban las disposiciones necesarias para comenzar los juegos.


Las pruebas se disputaban en el estadio - reservado a las carreras a pie y a combates diversos - y en el hipódromo – dedicado a las carreras de caballos y de carros. Antes de efectuarse el alistamiento de los concurrentes a las pruebas, éstos comparecían ante los jueces que debían fallarlas y prestaban juramento de comportarse lealmente y de no recurrir jamás a ninguna artimaña o recurso ilegal. La lealtad y el honor debían de inspirar sus esfuerzos.


A parte de las carreras a pie y los ejercicios de agilidad y fuerza, se celebraban también las pruebas más esperadas conocidas con los nombres de lucha, pugilato, pancracio y pentatlón. No es este el momento de profundizar en las descripciones de cada una de estas pruebas, lo dicho anteriormente sólo era como una puesta en escena para ambientar la historia de Milón de Crotona que fue uno de los atletas que se presentaron a estos juegos y que se hizo famoso por su gran fuerza.


Cuenta la leyenda que cuando era muy joven, le regalaron un becerrito con el que se encariñó tanto que tenía por costumbre cargarlo en sus hombros y siempre lo llevaba consigo de un lado a otro. Todos los días y durante cuatro años, repitió este ejercicio hasta el completo crecimiento del animal, cuyo peso había aumentado día a día. Llegada la época de las Olimpiadas, Milón quiso participar en la prueba de fuerza y así lo hizo presentándose en la pista llevando su toro en la espalda y dando la vuelta al ruedo sin tomar aliento. El público, asombrado por su fuerza lo vitoreaba, Milón entonces, con gran serenidad dejó su carga en el suelo y de un puñetazo asestado en la cabeza del animal, entre cuerno y cuerno, lo dejó muerto. Y por si esto fuera poco, Milón que según parece tenía un apetito considerable, se comió su imponente víctima en pocas horas.


A pesar de los relatos que nos narran sus múltiples hazañas, en clave hiperbólica la mayoría, es bastante probable que se trate de un personaje histórico. Es citado por numerosos autores clásicos, entre los cuales están Aristóteles, Pausanias, Cicerón, Heródoto, Vitruvio, y muchos otros que con sus relatos no hacen más que acrecentar la leyenda entorno a este personaje. Por poner un ejemplo, Diodoro Sículo escribió en su historia que Milón era un seguidor de Pitágoras, y también que comandaba el ejército de Crotona que derrotó a los sibaritas (habitantes de la legendaria ciudad de Sibaris), en 511 aC, mientras portaba sus coronas olímpicas y vestía como Hércules con la piel del león y la maza.


El glorioso héroe fue seis veces vencedor en los juegos Olímpicos y siete en los Juegos Píticos y a pesar de sus violentos y pesados ejercicios, el famoso crotoniata alcanzó una edad muy avanzada. Pero las fuerzas de este luchador extraordinario menguaron con el tiempo. Pausinas relata que cuando Milon, en 512 a.C., pretendió conquistar por séptima vez la corona trinufal de la lucha libre, un compatriota suyo mas joven. Timasiteo, que fue su adevrsario, desviaba el cuerpo con tal habilidad durante la lucha, que Milon, exhausto al final que ceder.


Se cuenta que un día paseando por un bosque, encontró un árbol rajado por los leñadores que habían puesto una cuña en una hendidura. Queriendo partir el árbol con las manos, quitó la cuña, pero entonces las dos partes del tronco se unieron dejándole atrapada la mano y así fue devorado por las fieras.


La Muerte de Milon fue más prosaica. Un vecino poderoso de Crotona, su ciudad natal, quería ser aceptado en la Orden de los Pitagoricos, y cuando, por su carácter vehemente, se le negó la admisión, mando a matar a Milon y a sus amigos. De ningúna manera hay que imaginarse a Milon como un hombre de mucho musculo y poca inteligencia. Al contrario; como rapsoda y amigo de Pitagoras, se sentía (en su forma de vida) atraído hacia el ideal Pitagorico de la armonía del cuerpo y de la mente. Un libro que escribió sobre la naturaleza, titulado Fisica y que desgraciadamente no llego a ser conservado, demuestra que además de ser deportista, Milon fue también hombre de ciencia y filosofo.

lunes, 4 de mayo de 2009

Historia de la Lucha

Lucha Olímpica en la Antigüa Grecia
Como sabemos la lucha es una de las disciplina mas antiguas que practicaron los griegos, y formo parte del programa de los Juegos a partir de la XVII Olimpiada (798 a.C.).

Homero dejo en La Ilíada una descripción igualmente sabia en relación con este deporte. Como la lucha se desarrollo en los Juegos de una manera parecida a la que describe Homero:


“..Se irguió preparado Áyax Telamonio,
Poderosa torre y luego Ulises,
Fecundo en ardides y rico en ingenio.
Ciñeron el cinto, llegaron al centro del campo,
Trabaron sus robustos brazos
Recios como vigas que une el arquitecto
Para que resistan la furia del viento
Que habrá que batir el palacio.
Crujían sus espaldas, duramente presas
Por los fuerte brazos. Sudaban los cuerpos.
Cruentos cardenales pintaban costados
Y espaldas. Los dos anhelaban furiosos
Lograr la victoria y alcanzar con ella
El hermoso trípode. Pero ni Ulises
Derribaba a Ajax ni este a su enemigo
Poderoso y fuerte. La lucha seguía
Cuando los aqueos ibanse cansando
Tan solo de verlos. Ajax poderoso
Increpo a Ulises, mientras combatían:
“¡Hijo de Laertes, semilla de Zeus
Fecunda en ardides, levántame en vilo;
O seré yo entonces quien alce tu cuerpo
Para que decida Zeus la victoria!”
Tomo nueva fuerza Ajax y con furia
Derribo por tierra a Ulises divino.
Quien hizo memoria de tantos ardides
Así, aunque caído, ataco pronto,
Golpeo las corvas de Ajax: quedaron
Sin vigor los miembros de su antagonista
Que fue derribado de espaldas, en el pecho
De Ulises paciente, quien vio su triunfo
Y quiso elevarlo; lo alzo lentamente
Paro ya no pudo sostenerlo en vilo:
Se quebró su cuerpo y los dos cayeron
Cercanos, manchados de polvo.
Y hubieran luchado otra vez, si Aquiles
Llegando hasta ellos, así no dijera:
“Basta ya. Termine la lucha y el daño
Los dos vencedores ya sois. Vuestro premio
Será igual. Que vengan a ocupar el puesto
Los aqueos que esperan mostrar su bravura.”


Gracias a esta producción magistral podemos ver que esta disciplina requería fuerza y tenacidad, aunque también habilidad e inteligencia por parte del atleta que deseaba obtener la victoria.
Los relatos, y a las escenas reproducidas en las vasijas de cerámica, conocemos la técnica empleada, las maniobras permitidas en las vasijas de cerámica, conocemos la técnica empleada, las maniobras permitidas y los ardides. En algunos jarrones, los luchadores están representados con las manos y los dedos de los pies apoyados en el piso de arena, acechándose uno a otro para tomar al adversario por los brazos, las caderas o el cuello, y es posible ver claramente los músculos en tensión.

Los historiadores del deporte que se basan en Pausinas y Filostrato, sostienen que en la lucha se admitían cualquier maña que causara daño al adversario, como pegar, torcer, agarrar por el cuello o romper los dedos; sin embargo, nuevas investigaciones realizadas también, entre otros, por científicos de la extinta República Federal de Alemania, han demostrado que aquello estaba prohibido. La lucha en los Juegos Olímpicos era sencillamente una lucha en la que había que derribarse al adversario tres veces. Pero si se permitiría la zancadilla, recurso que requiere una reacción rápida y mucha habilidad. Como sabemos por Homero, ya era usual entre los héroes de La Ilíada.

Lo cierto es que la lucha se basa en una gran habilidad, elasticidad, fuerza y perspicacia.
Como en los Juegos antiguos, no existía la clasificación moderna de atletas según el peso, sino que únicamente había la separación entre hombres adultos y jóvenes, un luchador de menos peso tenía que superar su desventaja por una mayor habilidad.
Se concedía mucha importancia el cuidado de la piel. Para refrescarla se usaba una mezcla de arena muy fina con aceite. Con esa mezcla se untaba y se frotaba la piel para hacerla resistente contra lesiones e insensible a los rigores del clima. Después del entrenamiento y de la lucha esa capa de aceite y arena se quitaba con un raspador. Esta acción se encuentra representada con frecuencia en los jarrones, como en la famosa estatua de Lisipo, el Apoxiomenos.
En los Juegos Olímpicos los combates se decidían por sorteo, inmediatamente antes de que este se llevara a cabo. Muchas veces, un luchador resultaba en varios encuentros seguidos. Pausinas relata que Hipostenes de Esparta, así como si hijo Hetemocles, triunfaron cinco veces. El más grande y famoso luchador de la historia antigua era Milon de Crotona. Fue vencedor seis veces entre 540 y 516 a.C. Además, logro más triunfos que nadie en los juegos pitios, ístmicos y de los de Nemea, lo que demuestra que los grandes atletas de la antigüedad, como los modernos, gustaban de viajar y medirse con nuevos adversarios en diversos lugares.
El ejemplo de Milon, como muchos otros testimonios, indica que la lucha fue considerada como un arte en que la técnica y la elegancia del luchador eran muy importantes. A un joven vencedor, Cratino, cuya manera de luchar habia sido especialmente hábil y elegante, se le permitió colocar al lado de su estatua la de su maestro, a quien se le dio gran merito por el entrenamiento del triunfador.
En el caso de que hubiera un número impar de participantes, podía suceder que un luchador, sin haber participado en las luchas eliminatorias, llegara a la lucha final. En la lucha, el pugilato y el pancracio se daba el nombre de ephedros al atleta que llegaba descansado a la prueba final. La victoria de un ephedros tenía menos merito y a veces se veía en las inscripciones de las estatuas la advertencia de que el vencedor no era un ephedros. También de poco merito eran las victorias logradas por falta de adversario, es decir, que no lo había, o porque aquel, en el último momento se retiraba de la competencia. En este caso se hablaba de una victoria akoniti , o sea, una victoria obtenida sin que el vencedor hubiese tocado la arena del estadio. Según Pausinas y otros escritores, este tipo de victoria era bastante frecuente.